Mis Párrafos

" "


Las vacas

El humo de la fogata subía hasta lo alto y se fundía con el viento helado que arrastraba copos de nieve. El sol asomaba en el horizonte y Eric abrió sus ojos. Luego de levantar el campamento, caminaron montaña arriba para tener una mejor visión. Cuando llegaron a la cima de una loma se detuvieron, Eric dio unos pasos al frente y los demás hombres aguardaron en su lugar. Era una mañana fría y el viento soplaba fuerte, a lo lejos, un halcón volaba a gran altura. Allí estaba Eric, con la mirada fija en las puertas de la ciudad de Dublín. Su cara ancha parecía haber sido modelada con el mismísimo martillo de Thor. De su rostro colgaba una barba tupida del color del cobre, que trepaba por sus mejillas hasta fundirse con su pelo detrás de las orejas. Sus brazos, fuertes como troncos, sostenían un gran hacha de dos hojas, que había hecho justicia en las batallas de Irlanda del Norte.

Eric tenía un cuerpo muy grande pero a pesar de sus proporciones, en las batallas se movía con una destreza sorprendente. Provenía de una familia de guerreros y era el último de su sangre, ya que su hermano había caído en una batalla años atrás.Con el hacha al revés y las manos cruzadas sobre el mango largo permanecía inmóvil. Había adoptado una posición de reflexión, de modo que una de sus rodillas tocaba el piso mientras la otra estaba flexionada. La piel de un animal cubría su cuerpo y su pelo largo se movía con el viento. Miraba como tratando de atravesar el tiempo mientras el corazón le bombeaba sangre con más fuerza que de costumbre.

Su piel sabía que faltaba poco para la batalla. Las manos de Eric manejaban el hacha con esa destreza que sólo adquieren los que crecieron aprendiendo las tácticas de la guerra. Era lo único que sabía hacer y al igual que sus antepasados, moriría en el campo de batalla.Una cinta flameaba en su Hacha mientras pensaba en lo que vendría. Él se imaginaba cada batalla como una bestia salvaje a la que había que domar. Sus ojos cansados permanecían inmóviles y sus hombres aguardaban en silencio a sus espaldas.

La ciudad de Dublín había sido notificada del futuro ataque gracias a un telegrama que había sido enviado días antes. Las enormes puertas de madera que dividían la ciudad del exterior se habían reforzado y las mujeres y niños habían sido trasladados a la iglesia. Todos los hombres recibieron la orden de tomar las armas y se prepararon para el ataque vikingo que podría llegar en cualquier momento.

El aire y la nieve se tornaron más pesados mientras Eric revivía batallas pasadas. Algo le susurró al oído que el momento había llegado. Con su mano derecha tomó un puñado de tierra y la sintió por unos instantes. Apretó su puño con la fuerza suficiente para hacer que la tierra se metiera dentro de su piel pero ésta, en vez de mezclarse con su sangre, se escurrió por entre sus dedos. Luego soltó un fuerte grito de guerra que rellenó los espacios que el silencio había socavado en el ambiente. El grito atravesó el aire espeso y sus hombres entendieron que era el momento. Gritaron ellos también y corrieron detrás de Eric quién iba a la cabeza de la carrera alzando alto el gran hacha. Su pelo se movía en todas direcciones y flameaba como una bandera de guerra. Tenía la mirada fija en las puertas y sus pasos dejaban la marca de sus pie en la tierra, que permanecía blanda tras la lluvia. El halcón volaba a lo alto sin imaginarse el pedazo de historia que se construía bajo sus alas. Eric poseído por la guerra que fluía por sus venas corría sin saber que aquella tarde su sangre se derramaría en el piso, y que lo último que vería sería el cielo pesado cayendo sobre él. Sabía que no había forma de escapar de aquél destino, que lo perseguía desde el primer día en que abrió sus ojos. La guerra, la muerte.

0 Responses to “Las vacas”

Post a Comment

Search

Escritos Anteriores

Archivados



XML