Mis Párrafos

" "


De lunes a viernes $18, sábados y domingos $25

A las nueve de la noche como habíamos acordado tres días antes, esperábamos todos en la puerta. Nos saludamos rápido porque que estábamos sin comer desde la mañana, habíamos pactado eso para tener una experiencia más larga e intensa. El tenedor libre esperaba por nosotros. Luego de entrar, nos sentamos en una mesa que tenía, según algunos, una posición estratégica. Apuramos el caminar porque era sábado y pensábamos que se llenaría de gente. Nos sentamos y luego de llamar al mozo y pedirle la bebida fuimos a buscar los platos luego, conocimos las mesas en donde estaba la comida, le dimos vueltas en una dirección y después al revés. Llenamos nuestros platos con la entrada y volvimos a nuestra mesa. Entre chistes enlatados y tragos ligeros la comida desapareció en cuestión de segundos.

Salimos a la carga de nuevo y nos apuramos para volver a llenar nuestros platos, ya el lugar estaba repleto de gente. Llegamos a la mesa con las fuentes de comida y nos topamos con: codazos, empujones y maltratos, el clima cruel que debíamos soportar para poder servirnos algo. A nadie le importaba mucho esa tormenta de maltratos a pesar de ser algo molesto para todos. Luego de un rato de rondar como animales a sus presas, de ver todo lo que nuestras mentes habían imaginado camino al restaurant, volvimos a nuestro lugar, victoriosos. Esta vez, por alguna razón que desconozco, no usábamos los cubiertos, los chistes no fueron los protagonistas en la mesa, en su lugar, se escucharon algunos comentarios aislados de la comida o del lugar. Terminamos realmente rápido, cuando levanté la cabeza y vi la cara de mis amigos me di cuenta de que algo estaba cambiando, pero no supe qué era.

Nos levantamos torpemente, escuché alguna silla caerse en el camino, nadie esperó a nadie, cada uno por su lado. La gente se había tornado más violenta, los empujones dejaron de ser sin intención y los codazos más fuertes y agresivos. Entré en la batalla y después de cinco minutos logré colmar mi plato de comida.
Cuando me senté de nuevo en la mesa todos comían con más furia que antes, de pie, mirando su plato, empujando la comida con las manos. El color de sus pieles se había tornado rosa brillante, y sus dedos no se movían. Sus manos ya no eran manos, eran pezuñas duras con las que empujaban la comida adentro de su boca hasta que se les inflaban los cachetes. Sus rostros tampoco eran los mismos. Sus narices se habían transformado en algo extraño, de ellas, lo único que quedaba eran las fosas nasales sobre la cara, ya no había más tabiques ni cartílagos.

Cuando se levantaron ya no les importaba nada; caminaron llevándose a todo el mundo por delante y se tiraron arriba de la mesa de la comida. Los platos volaron en todas direcciones y la gente comía del piso, ya no hablaban si no que emitían unos chillidos roncos y agresivos. Las demás personas tenían esa misma expresión en la cara, el mismo color, la misma deformación en la nariz y también emitían esos chillidos roncos y agresivos que aturdían. Sentí cómo perdía el equilibrio y me caía al piso sin remedio, las rodillas golpearon secamente el piso. Mis piernas olvidaron como mantener el equilibrio, sólo podía caminar como un perro. Caminé rodeándolos para que no me atacaran. Nadie me vio. Cuando llegué a la puerta me pude ver en el espejo: ya no tenía manos, me había convertido, al igual que ellos, en un maldito cerdo.

1 Responses to “De lunes a viernes $18, sábados y domingos $25”

  1. # Anonymous Anonymous

    Yo digo que no se convirtieron los cuerpos enteros. Sólo los ojos, para ver mejor.

    Me dio hambre.  

Post a Comment